El despliegue de tropas rusas en Ucrania y la condena de la mayoría de países a las acciones de Vladimir Putin, ponen de relieve el riesgo de padecer una guerra entre ambos hemisferios que no se materializa desde la II Guerra Mundial. Esta terminó en 1945 y dejó millones de pérdidas humanas, además de una Europa devastada económica y moralmente.

Ante el panorama actual, existe la duda de qué tan probable es que Rusia decida atacar Estados Unidos, aunque es algo que, en realidad, nunca ha sucedido, sino que más bien se ha limitado a un enfrentamiento en materia de tecnología y, más recientemente, en lo que se conoce como una “guerra informativa”, como lo sucedido en las elecciones de 2017 que dieron la victoria a Donald Trump.

La presencia en Estados Unidos del país liderado por Vladimir Putin es, entonces, mucho más estratégica y no requiere un ataque armado. Hoy es más efectivo y rentable un ataque cibernético o la difusión de información falsa que el despliegue de fuerzas armadas con alto costo económico. Sus efectos, como constató el mundo el 6 de enero de 2021 cuando cientos de ciudadanos atacaron el Capitolio, pueden ser igual de desestabilizadores que una guerra armada.

Estados Unidos vs Rusia en el tiempo
La capacidad de ambas potencias mundiales se mantuvo en tensión durante todo el periodo conocido “Guerra Fría”, un “enfrentamiento ideológico y tensión prebélica desarrollada durante la segunda mitad del siglo XX entre los bloques occidental-capitalista (liderado por Estados Unidos) y oriental-comunista (liderado por la Unión Soviética, del que se separó posteriormente China para seguir su propio camino)”, apunta un análisis de la UNAM.

En este tiempo, que comprendió de 1945 hasta 1991, surgió la OTAN (Organización del Atlántico Norte) una fuerza militar conjunta, financiada por varios países, principalmente Estados Unidos, que defiende a Occidente de (en ese entonces) la “amenaza comunista”. El acercamiento de Ucrania con esta organización es una de las motivaciones de la invasión que hoy lleva a cabo Vladimir Putin.

Durante todo ese tiempo, Estados Unidos y Rusia apoyaron a muchos países en diferentes conflictos bélicos en todos los continentes, sin embargo, jamás se enfrentaron directamente. Lo más cerca que estuvieron de que sucediera fue cuando se dio la llamada “Crisis de los misiles”, 1962, cuando la entonces Unión Soviética instaló rampas de misiles en Cuba, a lo que Estados Unidos respondió con la amenaza de bombardear la isla e iniciar un conflicto bélico con el gigante euroasiático, por lo que la instalación fue desmantelada en menos de un mes.

Energía: pieza clave del conflicto
Si bien un ataque armado entre ambos países es poco probable, lo que está en juego en realidad es el suministro energético que provee Rusia a Europa y su influencia en el mercado de otros países como Estados Unidos. Tan sólo el reconocimiento de las potencias separatistas de Lugansk y Donetsk provocó un alza en el precio del petróleo no vista desde el 2014, cuando Rusia también invadió Ucrania y se anexó la región de Crimea.

El aumento en el costo del barril de crudo impacta directamente el precio de los energéticos, por lo que los estadounidenses pagarán más por gasolina en los próximos meses y, en consecuencia, afectará el precio de todos los productos que ya venía elevándose a causa de la inflación.

En noviembre de 2021, Estados Unidos importó 178.550 barriles diarios de petróleo de Rusia, de acuerdo con la EIA, un 3 por ciento del total de las importaciones de petróleo de la Unión Americana.

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