Elon Musk está a punto de dar su gran salto. SpaceX, la empresa creada en 2002 a partir de un sueño, se dispone a protagonizar la mayor salida a Bolsa de la historia. La compañía especializada en el lanzamiento de cohetes, satélites de comunicaciones y del laboratorio de inteligencia artificial xAI ha registrado este miércoles ante el supervisor bursátil estadounidense el folleto con las condiciones de su estreno en el parqué.

Los detalles de la operación son poco convencionales. El grupo creado por Musk ha fijado el precio de salida en 135 dólares por acción, saltándose la tradición de fijar un rango de precios e ir ajustándolo en función de los encuentros con los inversores. Ese valor de salida le permitirá recaudar unos 74.400 millones de dólares al poner en circulación pública 555,6 millones de títulos. Estas cifras suponen que el grupo saca al mercado menos del 5% del total de las 13.075 millones de acciones, una fracción inferior a las ofertas públicas iniciales (OPI) habituales. La oferta pública de venta (OPV) consistirá íntegramente en la emisión de nuevas acciones. De esta forma, la empresa captará nueva financiación para poder expandir sus actividades, especialmente en el área de inteligencia artificial, que requiere inversiones multimillonarias.

Con estos datos, SpaceX podrá alcanzar una valoración de alrededor de 1,77 billones de dólares, el doble de su valor a principios de año, antes de fusionarse con xAI. Además, será el mayor debut bursátil de la historia, superando de largo el estreno de Aramco en 2019, cuando logró recaudar unos 29.000 millones de dólares.

SpaceX abrirá la puerta a otras compañías del sector de la IA que esperan para saltar a Wall Street como Anthropic, que espera salir a Bolsa este otoño, u OpenAI, que comunicará sus intenciones en las próximas semanas.

Con un valor de 1,77 billones de dólares, Space Exploration Technologies Corp, el nombre oficial de SpaceX será una de las mayores empresas del mundo, superada solamente por Nvidia, Apple, Microsoft, Alphabet y Amazon. Superará incluso a Tesla Motor, la empresa que hasta hace poco era la joya de la corona del imperio de Musk.

Se espera que la ronda con inversores (road show) de la OPV de SpaceX comience este jueves, ya con las condiciones de la operación concretadas, fije el precio definitivo el día 11 y debute en Bolsa el próximo 12 de junio, viernes.

“Tenemos la intención de destinar los fondos netos de esta oferta a financiar nuestra estrategia de crecimiento, lo que incluye la expansión de nuestra infraestructura de computación de IA, la mejora de nuestra infraestructura de lanzamiento y de nuestros vehículos de lanzamiento, el aumento de la escala y la capacidad de nuestras constelaciones de satélites, y cualquier importe restante para fines corporativos generales”, explica la compañía a través del folleto.

SpaceX advierte a los inversores que no pagará dividendos a corto plazo. Aunque tampoco se compromete a hacerlo más adelante. Avisa de que destinará los beneficios futuros a financiar el crecimiento de su negocio. Y para que no haya lugar a engaños, deja claro que la política de dividendos queda a discreción del consejo de administración que preside Elon Musk.

La compañía está mejorando su negocio, pero no logra alcanzar beneficios. El año pasado registró unas pérdidas de 4.937 millones de dólares, frente a los beneficios de 791 millones registrados el año anterior, por el ingente consumo de capital de la unidad de inteligencia artificial, xAI. “Es posible que no logremos alcanzar la rentabilidad en el futuro o que, de lograrla, no podamos mantenerla”, sostiene la compañía en un párrafo en el que describe los riesgos del negocio y en el que advierte que seguirá aumentando los gastos de capital.

También reconoce que en el futuro podrían producirse conflictos de intereses entre la empresa y Elon Musk, propietario de Tesla, que tiene grandes centros de datos que empleará el futuro grupo cotizado.

El visionario sudafricano, que también es la persona más rica del mundo, mantendrá un férreo control sobre la empresa. Conservará el 84,4% del poder de voto, gracias a las acciones de Clase B, que otorgan 10 votos cada una, en comparación con el único voto de las acciones de Clase A, según Bloomberg. El 93,6% de las acciones de Clase B que posee Musk le permite elegir al 51% del consejo de administración y decidir si se aparta de sus cargos directivos, lo que le impide ser despedido en contra de su voluntad.

Todo en el folleto es grandilocuencia y riesgo. La empresa no está falta de ambición. “Nuestra misión es construir los sistemas y tecnologías necesarios para hacer de la vida una realidad multiplanetaria, comprender la verdadera naturaleza del universo y extender la luz de la conciencia hacia las estrellas”, sostiene SpaceX en el folleto registrado en la SEC para explicar su misión. “Para lograrlo, hemos conformado el motor de innovación más ambicioso e integrado verticalmente —tanto dentro como fuera de la Tierra—, dotado de capacidades inigualables para fabricar y lanzar con rapidez sistemas de comunicaciones espaciales que conecten al mundo; para aprovechar la energía del Sol y alimentar una inteligencia artificial orientada a la búsqueda de la verdad que impulse el descubrimiento científico; y, en última instancia, para construir una base en la Luna y ciudades en otros planetas”.

Aunque su negocio de lanzamiento de cohetes y satélites es rentable, gracias sobre todo a los contratos gubernamentales con la NASA y otras agencias de seguridad nacional de Estados Unidos, el laboratorio de IA supone un gran agujero para el grupo. La carrera por esta tecnología, que implica construir grandes centros de datos, comprar microprocesadores de última generación y construir plantas de energía para alimentar todas las instalaciones, está consumiendo riadas de recursos. SpaceX, al igual que todas las empresas del sector, está destinando miles de millones al desarrollo de la IA cuando aún no logran monetizar el negocio. Por eso, necesitan más recursos con los que seguir financiando esta carrera tecnológica.

EL PAÍS